Pasé las últimas tres semanas postergando escribir esta entrada de blog. Sabía justo lo que deseaba plasmar pero no sabía como hacerlo. Al leer entradas anteriores notan que escribo en código, y esto se debe que básicamente escribo para mí mismo. Esta es la primera entrada en la cual escribo para ustedes con un lenguaje entendible sin muchos peros o filtros, sino escribiendo lo que viene a mi mente.

Hace un año y medio decidí dejar la fotografía de moda. Por mucho tiempo, en mi país Nicaragua, me conocieron por fotografiar reinas de belleza y por trabajar con diseñadores locales. Todo suena muy encantador, pero la realidad es que yo no era del todo feliz. No me lo tomen a mal, en un post anterior lo dije, el problema no eran ellas o ellos sino yo. Sentía que mi arte no tenía sentido, y que estaba fotografiando belleza por el simple hecho de retratar de belleza… Sin ningún significado para mí.

Un día decidí hacer algo que para muchos sería o fue considerado drástico. Borré el 95℅ de mis fotografías en instagram. Estas imágenes, que para muchos o algunos eran consideradas hermosas, para mí no decían nada y no me identificaba con ellas. Eran fotografías pensadas con el único objetivo de satisfacer a otros. A este punto, mi arte masculino, el cual mantenía en secreto por miedo a las críticas, ya había tomado protagonismo en mi vida. Decidí poner esta nueva pasión a la luz pública, lo cual me permitió experimentar auto satisfacción ya que por primera vez tenía algo que decir con mi arte. A como es de esperarse, las y los espectadores precibieron este cambio de maneras muy distintas. No entraré en detalles acerca de las críticas, sino que me limitaré a decir que es muy difícil satisfacer a todas y todos, razón por la cual me enfoqué en satisfacer al único crítico con el que tengo que lidear 24/7: Yo mismo.

Unos meses atrás se despertó en mí el deseo de aplicar todo lo aprendido con mi arte masculino en mi fotografía de moda. Me dije a mi mismo: si vas a hacer moda, no podes seguir con tu línea anterior. Es ahí que en una cena familiar, donde celebrábamos mi cumpleaños, conocí a Marcela, quien es la protagonista de las fotografías de esta entrada de blog. Prometí que al hablar de Marcela, no me enfocaría en su vitiligo, la cual es una condición que provoca la pérdida de melanina y por ende de pigmentación en su piel. Sin embargo, es difícil sino imposible no traerlo ahora a la mesa ya que es el primer rasgo en ella que llamó mi atención. Recuerdo que al verla, le dije a mis papás: Hay una niña bella sentada atrás de ustedes y no puedo quitarle los ojos de encima. Mi papá me dijo: ¿Querés que vaya y le hable para que le hagas fotos? ¡No se lo permití! Decidí hacerlo yo mismo. Me presenté con ella, con su tía y abuela, y con los nervios apoderándose de mi ser le pregunté si le gustaría ser retratada por mí. ¡Dijo que sí! Su belleza única me inspiró, y me enseñó que de manera personal si puedo usar la moda para crear y transmitir mensajes de vida. Actualmente, no me considero a mi mismo como fotógrafo de moda, ni fotógrafo de misses o de desnudos masculinos. Hoy simplemente soy un ser con la necesidad profunda de usar mi cámara para plasmar en imágenes lo que por mucho tiempo estuvo atrapado en mi mente. Marcela representa para mí la última la última oportunidad que le daba a la fotografía de moda en mi vida… Marcela representó mi último aliento.

Modelo: Marcela Álvarez
Maquillaje: Arturo Draper
Cabello: Arturo Draper & Joshua Barnutty
Vestuario: Carlos René Cruz