¿Cuánto tiempo desperdiciamos añorando lo que no tenemos?

Semanas atrás, decidí tomarte por primera vez en 5 años unas vacaciones. Sin embargo, soy adicto al trabajo, lo admito, y por ende no pude dejar a un lado la oportunidad de fotografiar. El plan era sencillo, viajar por diversos destinos de Nicaragua junto a Joshua y Chris (un buen amigo de New York a quien conocí por instagram el año pasado) con el objetivo de conocer y a la vez llevar a cabo varias sesiones, cada una con una temática propia.

En nuestro segundo día, nos dirigimos a Playa Hermosa. Para los que no están familiarizados con el lugar, está ubicado a una hora de la ciudad de León. Cuando fotografío en playa, constantemente tengo la esperanza de encontrar arena blanca en la locación, aún sabiendo que no es propia de la geografía de la región en la que vivo. Efectivamente, la arena era volcánica, por ende, era lo contrario a lo que buscaba estéticamente. Para mi sorpresa, Chris, para quien la arena blanca es tan común como los zancudos para nosotros, encontró la oscuridad de esta particularmente bella y exótica. Entonces, con cara de qué-te-pasa le pregunté en medio de mi ignorancia: ¿Y es que ustedes no tienen arena oscura por allá? “No”, respondió, “ya que no tenemos volcanes”. En ese momento, me di cuenta de lo corto de mente que era, al desear trabajar con elementos ajenos a los recursos que tenía a mi disposición. Yo pasaba por alto la belleza de aquella arena oscura debido a mis deseos por encajar en estándares internacionales. Entonces le propuse a Chris: ¿Te gustaría trabajar en una sesión con temática basada en Nicaragua? Él inmediatamente contestó que le encantaría.

Algo que disfruto acerca de ser fotógrafo, es el aprendizaje que obtengo de cada sesión, de cada experiencia, y de cada individua o individuo que tengo el honor de fotografiar. Esta vez, sin embargo, me llevé una lección de vida más grande de lo que alguna vez imaginé. Al dedicar tiempo para seleccionar locaciones y utilería representativa de Nicaragua, me di cuenta de la variedad de propuestas únicas que ofrece la geografía y cultura del país como fuente de inspiración. Solía gastar demasiado tiempo atesorando lo que otros poseen, y que con orgullo comparten con el mundo por medio de su arte, que olvidaba apreciar lo que me rodea. Me pregunto, si profesamos que amamos a Nicaragua, ¿por qué no hablamos más de ella? Mi razonamiento es simple: Irónicamente consideramos más sencillo ver hacia afuera y tomar referencias de lo que otros han hecho y nos parece cool, que enfocarnos en crear propuestas propias basadas en nuestra cotidianidad y lo que ya conocemos. ¿Podremos algún día abrir los ojos? Mi fe dice que si.

Modelo: Chris
Cabello: Joshua Barnutty