Me rindo ante los pies de La Ceiba que me vio crecer,
sus raíces son las mías,
saliendo de mis pies al centro de mi Madre, Tierra.

Como hombres nos enseñaron a enfocarnos en las ramas.
Esparcirnos lo más alto,
tomar el cielo por asalto.
Ocupar cuanto espacio se pueda,
y así olvidar nuestras raíces, y dejar atrás a nuestras madres.

Nos dijeron que dejáramos un rastro,
encontrar la manera de ser recordados,
En nuestra eterna búsqueda de la inmortalidad,
cazamos, quemamos, tomamos lo que no es nuestro.

— Divide y vencerás, para reinarlo todo.
deja la marca con violencia,
construye castillos sobre cadáveres,
para que nadie olvide el dolor que causaste.

Tendemos a hallar el poder,
en cuántas cosas llamamos nuestras.
— Sos mía y de nadie más,
pero nunca pienses que sólo soy tuyo.

Yo soy un hombre, le pertenezco al viento.
espérame aquí, mientras vuelo libre,
si no lloras, no me amaste de verdad.

Si el orgullo es el pensar,
la vergüenza es el sentir.
Dejemos a las mujeres amar,
nosotros somos los fuertes.
¿Quién las protegerá más que nosotros?
en esta guerra auto inducida
quien proveerá las riquezas,

¿A quien alabarán entonces?
Yo soy un hombre en una misión
de conquistar al mundo entero.
mientras menos vida haya,
menos tierra que tomar.

Si no es mío, no es de nadie más.
todos gritaran mi nombre.

Así quemé los campos.
así sequé los ríos.

volví arrastrándome por las cenizas,
a los pies de mi madre, otra vez.

Me muero, madre, sacia mi sed,
te ruego escuches mi plegaria.

Su poder es el perdón.
su amor, la verdad inmortal.

Abre su corazón y yo entro,
de vuelta al vientre del cual vine.

Modelo: Sid Hart
Poema redactado por Sid Hart
Cabello & maquillaje: Joshua Barnutty